Por: @Lanzaddt
[Publicado en HeavyRiff No.5 – Abril/2013 > http://bit.ly/HeavyRiff05]
Full Metal Village (Sung Hyung Cho, 2006) es un
documental que sólo los heavys pueden ver con curiosidad. ¿Por qué? Pues sólo
aquellos que saben lo que sucede cada verano en la ciudad de Wacken, Alemania
(sitio donde se graba el largometraje) podrán entenderlo. Es básico tener este
contexto, pues de otra manera el documental sólo sería el perfil de una villa
cualquiera.
Cada verano, la ciudad de Wacken alberga lo que para algunos
es el festival más importante de Metal en el mundo (para otros es el HellFest
en Francia, y coincido). Entonces, lo que antes era una tranquila villa de
granjeros, pasa a ser un enorme recinto bacanal lleno de personas ávidas por
perder su yo y entregarse a una experiencia estética que los haga olvidar
quiénes son.
Full Metal Village es el intento de Sung Hyung Cho por
retratar la ciudad de Wacken cuando el festival no está ahí. Eso quiere decir
que vemos el estilo de vida de los granjeros y todo lo que sucede en una ciudad
muy pequeña.
Destaca el testimonio de uno de los fundadores del festival,
quien dejó la organización en sus primeras ediciones cuando apenas el evento
lograba tener bandas locales. Él no creía en el proyecto y veía un gran riesgo
financiero; dudaba que se juntara el dinero suficiente para pagarle a las
bandas, así que lo abandonó. Sobra decir que hoy en día se arrepiente.
“Deberíamos hacer una limpieza de extranjeros y así tendríamos trabajo”,
menciona en una de las escenas. Cuando un alemán dice algo así, siempre genera
miradas sospechosas.
Destaca la visión de la directora por mostrarnos cómo es una
villa en el idílico primer mundo. Sorprende la calidad de vida de un país del
centro (es decir, que no es de las periferias). A pesar de ser una ciudad
enteramente rural, poseen todos los servicios necesarios para vivir cómoda y
tranquilamente.
Mientras transcurren las historias de sus habitantes,
paulatinamente el Wacken Open Aire va tomando forma. Llegan baños portátiles,
se construyen escenarios; se colocan escenografías, todo cobra vida poco a
poco. Es justo al final cuando aparece el festival, mostrado simplemente como
un elemento que transforma el lugar y nunca centrando su atención
específicamente en él.
El principal cometido de Full Metal Village es ver al pueblo
en su tranquilidad, cuando el W:O:A no está ahí, algo así como levantar una
piedra y ver lo que ésta esconde. Aunque su pausado y “naturalista” ritmo puede
resultar tedioso en la primera lectura, el valor documental de lo que muestra
mantiene pertinencia; es algo que pocos (o quizá nadie) voltea a ver.
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